Pussy resuelve el problema

Chloe Lapiedra vive lejos de su familia por primera vez. Ha estado estudiando, pero no ha podido trabajar las horas suficientes para pagar el alquiler. Criada como una niña malcriada, no está acostumbrada a tener que pagar sus propios gastos. Su casero confronta a su joven inquilina con una copia del contrato de alquiler en la mano. Si no puede pagar, tendrá que echarla. Le dice que empaque sus cosas y se vaya. Mientras Chloe recoge su ropa, él se fija en algunas prendas. Siente curiosidad y quiere verlas puestas. Sin nada que perder, se pone el diminuto conjunto rosa que deja poco a la imaginación. La mirada en el rostro de su casero le dice exactamente lo que piensa de ella ahora. Quizás haya una manera de evitar el retraso en el pago del alquiler después de todo. Ella sabe lo que quiere y está más que feliz de dejar que se salga con la suya si consigue quedarse en su apartamento. Cayendo de rodillas, se abre de par en par y deja que le folle la cara bonita. Chloe ha hecho muchas mamadas a chicos en el campus y siempre sabe cómo complacerlas. Él la deja plantada y empieza a follársela. Ha estado con muchos tíos, pero esta vez está con un hombre más experimentado que sabe cómo usar lo que tiene. La folla de pie y la deja correrse con sus largas embestidas y su naturaleza salvaje. Caen al suelo, donde ella se pone encima y empieza a cabalgar. Él promete dejarla quedarse todo el tiempo que pueda follándola una vez a la semana. Ella está tan ocupada corriéndose y aceptando sus condiciones que ni siquiera se da cuenta de que empieza a correrse en su coño. ¡Qué buena oferta para todos!