El deseo es castigado

El deseo es un frenesí de pollas. El otro día pillé a una rubia metiéndose los dedos en el sofá y, como castigo por ser tan traviesa, le dije que no le daría ninguna polla hasta que demostrara que era una buena chica. La quería loca de lujuria y funcionó porque en cuanto saqué mi polla, ella estaba de rodillas y chupando como loca.