Corrida facial inolvidable

Cuando una jovencita que conocía me preguntó por qué querría follarme, le dije que le daría una corrida como nadie le había dado. Estaba tan intrigada que ni siquiera necesité invitarla a una cita, porque acabábamos de llegar a mi casa y, en cuanto cerré la puerta, estaba de rodillas chupándome la polla. Me la follé con fuerza y le derramé una buena cantidad de leche de mi polla en los labios y la barbilla. Le encantó tragarse cada gota que le llegaba a la boca.