El arte de follar con una jovencita

Siguiendo a Vallerie por las escaleras, no podía apartar la vista de su culo. Me dijo que estudiaba en el Instituto de Arte y, como luego supe, dominaba a la perfección el sexo. Le ofrecí ganarse la vida pasando el rato conmigo, y ni siquiera tener novio impidió que esta guarrilla me dejara follármela. ¡Joder, qué mamada tan buena hacía y su coño se sentía de maravilla en mi polla! ¡Incluso le pinté el culo con semen, y eso sí que fue arte!