A ella le gustó mi sombrero y mi polla.

Una jovencita que conocí en una galería de arte local dijo que le había gustado mi sombrero y le dije que también le gustaría mi polla cuando la tocara bien con la boca y el coño. Me dedicó esa sonrisa especial que ponen las chicas cuando quieren que las follen, y enseguida acabamos en mi casa, haciéndonos polvos como dos amantes con ganas de sexo. La hice gemir de placer y gemí yo también porque era el mejor coño adolescente que había tenido en mi vida, y punto. Las dos nos corrimos con fuerza y ni siquiera nos preguntamos nuestros nombres: una aventura casual perfecta.