Aidan

Atado a la camilla de masajes, Sebastian le hace a Aiden lo que mejor sabe hacer: se pone a tocarle el pene a este pobre chico, acariciándolo y masajeándolo con un placer incesante. Si a eso le sumamos un poco de bondage y el tiempo dedicado a masajearle el pene, tenemos a un chico con tantas ganas de correrse que le duele. Aiden tiene que esperar hasta que Sebastian le exige ver su jugo y correrse como si llevara meses conteniéndolo.