Novia de la secundaria

He oído que las chicas con clítoris grandes se corren más fuerte. ¡No puedo hablar por nadie más, pero a mí me pasa lo mismo! —dijo Rachel, la colegiala—. Mi clítoris sobresale y es muy sensible. Si me lo froto un par de minutos, puedo tener un orgasmo intensísimo. Si me meto un dedo o un juguete mientras me lo toco... ¡Dios mío! Empiezo a temblar y a gemir. Por eso siempre tengo que masturbarme cuando estoy sola en casa. No puedo callarme. ¡Ni las piernas! —Rachel, con la cara de ortodoncia, nos contó cómo se la metió en la vagina—. Por fin lo hice con mi novio del instituto. Creo que incluso tuve un orgasmo. No fue como cuando me lo hago a mí misma, pero fue divertido. Y ahora lo hace todo el tiempo. Y entre polvos, hace lo que hace aquí.