Los dedos funcionan bien

La preciosa Cory yace allí, indefensa, pero no sin lujuria. Quizás sean las pinzas para pezones, la posición en la que está (piernas separadas a la fuerza, muñecas juntas), o la forma en que le bajan el bustier para exponer esos exuberantes pechos; pero sea cual sea la razón, está en celo. Primero intenta complacerse con un consolador moldeado, pero finalmente recurre a su clásico: los dedos. Escucha cómo se le cruje el coño mientras sus dedos la penetran y la sacan con urgencia.