La maldición del esclavo momificado

Meira siempre se consideró pervertida, pero esto se lleva la palma: su amo la ata de la cabeza a los pies con cinta negra, le levanta los pezones con bombas de vacío y, cuando se retuerce de deseo, la obliga a tener un orgasmo con un vibrador en su clítoris.