Mazmorra subterránea

Esta sumisa enérgica obedece las órdenes de su amo sin rechistar, aunque incluso ella rehúye la llama del candelabro que él le pone en la cara. La cera fundida cubre su delicada piel, quemándola y dejándola desesperada por alivio. El tirano despiadado la ata con fuerza, obligándola a subir contra la escalera de su calabozo improvisado, suspendiendo su ágil cuerpo del techo bajo. La azota en su sensible trasero, luego la baja solo para doblarla con fuerza sobre un banco y rellenar su caja por detrás, embistiéndola febrilmente mientras busca su propio placer.
Categorías: