Esclavo amante del caucho

La reina Carmen disciplina a un esclavo aficionado al caucho y a los deportes acuáticos. Él se fija en la imagen de la morena rompe-pelotas con pantalones de caucho, pechos saltarines y falsos perforados, esperando mientras observa la máscara que pronto le exigirá usar. En el baño, la perra lo corrige y le ajusta la máscara a su rostro nervioso, luego le exige que se tumbe boca abajo en el suelo, a merced de todos sus caprichos maliciosos. Ella toma su polla gorda con fuerza, amasando y retorciendo la carne engrosada, llevándolo a un deseo insaciable. Para recordarle cuál es su lugar, saca una manguera y dirige un chorro de su propia orina fresca directamente al embudo abierto de la máscara, obligando al indefenso sumiso a aceptar hasta la última gota.