Mentiras contadas

Tasha había sido citada a la oficina del director por una simple infracción que no le habría valido más que unas cuantas palabras duras. Cuando decidió mentirle a la directora, pensó que una despedazación sería la mejor solución. Se arrodilló allí mismo y aceptó que lo que había hecho estaba mal y que el castigo era merecido.