brazos y cabeza empalizados

Ella no se va a ir a ningún lado por un tiempo. Qué patético. Obligada a sentarse en una silla, con las tetas atadas con fuerza. Sin saber qué vendrá después ni cuándo. Tetas y coño expuestos. Sabiendo que no le queda libre albedrío para los próximos momentos. Sabiendo que él puede, y lo hace, aplicar el látigo sobre su coño expuesto como desea antes de atarla boca abajo en la cama. Ella parece aprensiva mientras él pone tensión extra en sus pechos. Le acaricia el cabello con cariño. Nuestros chicos no son animales. Les gustan las chicas que les asignan. A veces se sienten atraídos por ellas. A veces, más tarde, incluso usan bien tu imaginación. Es agradable cuando él le causa dolor apretando su pecho atado.